martes, 13 de agosto de 2013

MALAS EXPERIENCIAS, GRANDES APRENDIZAJES.

Muy buenas a tod@s, hace tiempo que no publicaba nada porque he andado bastante ocupada. Vuelvo inspirada y con ganas de hablar sobre sentimientos.

La amistad es un tema sobre el cual tenía muchas ganas de escribir desde el principio, pero por circunstancias personales preferí no tocarlo con nadie hasta que mi mente se enfriase y no estuviese tan turbada, reacia y negativa hacia este tema. Creo que ya ha llegado el momento de sacarlo fuera y de expresarlo.

Siempre he estado muy vinculada al sentimiento de la amistad. Quizás porque sea hija única o simplemente porque siempre he pensado que la amistad es algo esencial en la vida de las personas, puesto que juegan un papel muy importante desde que nacemos.

Lo cierto es que siempre me he sentido muy afortunada en ese aspecto porque he intentado rodearme de las mejores personas que he encontrado en mi camino. Cuando creía que había gente que me perjudicaba automáticamente los sacaba de mi vida.

A medida que han pasado los años me he ido dando cuenta de que no todo el mundo se entrega igual, ni tiene las mismas intenciones o pretensiones que yo. Así empiezo a comprender que no por muchos años de amistad que lleves con alguien va a ser un verdadero y gran amig@. Ahora es cuando entiendo por qué siempre han faltado cosas esenciales en mi relación de amistad con algunas personas.

Sinceramente, la amistad me parece una relación bastante complicada, quizás la más complicada de las relaciones humanas (desde mi experiencia personal).

No hace mucho me llevé la mayor decepción hasta el momento. Nunca comprenderé como las personas pasan por encima de otras sin importarles absolutamente nada. Por un tiempo dejé de creer en la amistad tal cual yo la entiendo. Realmente pensaba que tarde o temprano los amig@s que me rodeaban de una manera u otra me la jugarían. Que la amistad era el disfraz de la hipocresía, la temporalidad, el cinismo, la arrogancia y el interés. Quizás comencé a desconfiar de todos; pues que  el miedo y el dolor confunden, es algo cierto.

Había noches en las que me costaba coger el sueño y días que levantar la cabeza se convertía en todo un reto; además, el miedo y los malos sentimientos estaban ahogando mi carácter particular. Así pues, llega un momento que si no miras por ti mismo nadie vendrá a hacerlo. No quería estar así continuamente y decidí armarme de valor y alejarme de lo que me hacía daño con todas las consecuencias de perderles a todos y quedarme sola. Pero prefería la soledad al sufrimiento, la tranquilidad y el equilibrio a la inestabilidad emocional.

Mi sorpresa fue que tuve el apoyo de algunos amigos, ciertamente estaba en un punto en el cual no esperaba nada de nadie. Y me di cuenta de que no todo el mundo es igual, que hay gente que comparte mi misma manera de ver la amistad, y que son algunas personas las que te hacen creer en ésta y darle el valor que merece. La amistad se pone a prueba en los malos momentos, unos han pasado la prueba con sobresaliente, otros han suspendido con un 0 y otros tantos nunca se examinaron.

Se esfumaron las telarañas que enmarañaban mis pensamientos. Las malas acciones de unas personas no deben hacer cargar a otras con esas consecuencias, puesto que hay gente que merece la pena.

Supongo que aún me quedan muchas cosas que vivir con respecto a este tema, buenas y malas. Pero de todo esto he aprendido a dar a cada persona lo que se merece, que hay amistades que solo tienen algunas funciones en tu vida y hay otras que tienen todas las funciones.

Siempre hay amistades especiales e imprescindibles en la vida de cada uno y tan solo espero que bajen de mi tren el día que se acabe el viaje.

Ahora me alegro de haber tomado algunas decisiones, es más creo que es lo mejor que podía hacer. Desde ese momento mi mente se empezó a aclarar y comencé a deshacerme de toda la rabia que me sobraba, la cual me estaba perjudicando a mí misma y en mi relación con las demás amistades.

El tiempo y los cambios te enseñan a ver las cosas de otra manera, a curar heridas y a cerrar libros que ya no tienen sentido.

Por fortuna todo esto duró poco tiempo, pues el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Decidí no sufrir y quedarme con todos aquellos que me llenan y me transmiten felicidad, estabilidad, fidelidad, confianza y cariño.


Un eterno gracias a tod@s aquell@s que siempre me han apoyado.