Muy buenas a tod@s, hace tiempo
que no publicaba nada porque he andado bastante ocupada. Vuelvo inspirada y con
ganas de hablar sobre sentimientos.
La amistad es un tema sobre el
cual tenía muchas ganas de escribir desde el principio, pero por circunstancias
personales preferí no tocarlo con nadie hasta que mi mente se enfriase y no
estuviese tan turbada, reacia y negativa hacia este tema. Creo que ya ha
llegado el momento de sacarlo fuera y de expresarlo.
Siempre he estado muy vinculada
al sentimiento de la amistad. Quizás porque sea hija única o simplemente porque
siempre he pensado que la amistad es algo esencial en la vida de las personas,
puesto que juegan un papel muy importante desde que nacemos.
Lo cierto es que siempre me he
sentido muy afortunada en ese aspecto porque he intentado rodearme de las
mejores personas que he encontrado en mi camino. Cuando creía que había gente
que me perjudicaba automáticamente los sacaba de mi vida.
A medida que han pasado los años
me he ido dando cuenta de que no todo el mundo se entrega igual, ni tiene las
mismas intenciones o pretensiones que yo. Así empiezo a comprender que no por
muchos años de amistad que lleves con alguien va a ser un verdadero y gran
amig@. Ahora es cuando entiendo por qué siempre han faltado cosas esenciales en mi relación
de amistad con algunas personas.
Sinceramente, la amistad me
parece una relación bastante complicada, quizás la más complicada de las
relaciones humanas (desde mi experiencia personal).
No hace mucho me llevé la mayor
decepción hasta el momento. Nunca comprenderé como las personas pasan por
encima de otras sin importarles absolutamente nada. Por un tiempo dejé de creer
en la amistad tal cual yo la entiendo. Realmente pensaba que tarde o temprano
los amig@s que me rodeaban de una manera u otra me la jugarían. Que la amistad
era el disfraz de la hipocresía, la temporalidad, el cinismo, la arrogancia y
el interés. Quizás comencé a desconfiar de todos; pues que el miedo y el dolor confunden, es algo cierto.
Había noches en las que me
costaba coger el sueño y días que levantar la cabeza se convertía en todo un
reto; además, el miedo y los malos sentimientos estaban ahogando mi carácter particular.
Así pues, llega un momento que si no miras por ti mismo nadie vendrá a hacerlo.
No quería estar así continuamente y decidí armarme de valor y alejarme de lo
que me hacía daño con todas las consecuencias de perderles a todos y quedarme
sola. Pero prefería la soledad al sufrimiento, la tranquilidad y el equilibrio
a la inestabilidad emocional.
Mi sorpresa fue que tuve el apoyo
de algunos amigos, ciertamente estaba en un punto en el cual no esperaba nada
de nadie. Y me di cuenta de que no todo el mundo es igual, que hay gente que
comparte mi misma manera de ver la amistad, y que son algunas personas las que
te hacen creer en ésta y darle el valor que merece. La amistad se pone a prueba
en los malos momentos, unos han pasado la prueba con sobresaliente, otros han
suspendido con un 0 y otros tantos nunca se examinaron.
Se esfumaron las telarañas que
enmarañaban mis pensamientos. Las malas acciones de unas personas no deben
hacer cargar a otras con esas consecuencias, puesto que hay gente que merece la
pena.
Supongo que aún me quedan muchas
cosas que vivir con respecto a este tema, buenas y malas. Pero de todo esto he
aprendido a dar a cada persona lo que se merece, que hay amistades que solo
tienen algunas funciones en tu vida y hay otras que tienen todas las funciones.
Siempre hay amistades especiales
e imprescindibles en la vida de cada uno y tan solo espero que bajen de mi tren
el día que se acabe el viaje.
Ahora me alegro de haber tomado
algunas decisiones, es más creo que es lo mejor que podía hacer. Desde ese
momento mi mente se empezó a aclarar y comencé a deshacerme de toda la rabia
que me sobraba, la cual me estaba perjudicando a mí misma y en mi relación con
las demás amistades.
El tiempo y los cambios te
enseñan a ver las cosas de otra manera, a curar heridas y a cerrar libros que
ya no tienen sentido.
Por fortuna todo esto duró poco
tiempo, pues el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Decidí no
sufrir y quedarme con todos aquellos que me llenan y me transmiten felicidad,
estabilidad, fidelidad, confianza y cariño.
Un eterno gracias a tod@s
aquell@s que siempre me han apoyado.