Respira con tranquilidad cerrando
los ojos, porque cualquier miedo te espanta y cualquier problema se hace
microscópico como una mota de polvo que cruza un haz de luz que entra por la
más vieja y rota ventana. Hasta incluso la amargura te la puede volver más
dulce.
Si sientes frío te dará calor, si
sientes soledad te proporcionará la más tierna compañía. A veces no viene a
tiempo, pero cuando llega te olvidas de su retraso. Otras veces acude en el
momento apropiado dejándote sin respiración y calmando tu interior.
Puede volver el lugar más
ruidoso, en un absoluto y agradable silencio si de él te acompañas. Sabe a
caramelo y a algodón de azúcar. Parece que viajas en una nube acolchada por un
olor relajante, familiar y especial, que hace que tu alma sosiegue recostada en
la alegría.
Produce momentos de felicidad,
pequeños detalles que guardas en tu corazón. Hasta dicen que con solo uno te puede
apaciguar la ansiedad. Son fuertes, dulces y tiernos como un oso que te hace
sentir el ser más pequeño y más protegido por un instante.
Con él se expresa todo el cariño
y sentimiento que se lleva dentro del alma. Es posible que se pueda conectar
con otra alma haciéndole sentir toda la paz que tú sientes. Es algo difícil de
explicar, pero todos estos efectos se consiguen si es verdadero, aunque he de
decir que hay falsos también.
Es una energía que solo con él se
produce, que solo él te proporciona. Es una sensación de evasión, de silencio
que te transporta a la propia levitación aún pisando la más dura y árida tierra.
Puede transmitir alegría, felicidad, compasión, apoyo, adiós, incluso un te
quiero.
Sí… estoy hablando del abrazo.
Del abrazo a cualquier persona que quieras y que sea de vital importancia para
ti. Hay veces que las palabras no alcanzan a transmitir lo que se lleva por
dentro, pero el abrazo es capaz de demostrar todo aquello que no puedes decir
con palabras.
Ese abrazo que hace que sin
querer se te cierren los ojos…

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